Desilusión y resistencia

febrero 2014

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Son esas altas cumbres del altiplano chileno las encargadas de prologar parte de la geografía andina que gobierna con sapiencia las fronteras del norte de este país. Los límites políticos son espacios rudos que demuestran los vestigios de un pasado y presente que conviven bajo un mismo techo. Por eso al iniciar un recorrido por agrestes paisajes, nos percatamos que el actual contexto altiplánico, lamentablemente, ha tenido que lidiar con la emigración hacia las grandes ciudades como una solución inmediata que resolvería el aislamiento y el abandono. Un aspecto que demuestra el desprecio del Estado por aquellos lazos inherentes con los cuales se constituye la cosmovisión andina.

Con estos antecedentes, las imágenes que se impregnan en nuestras retinas entrecruzan movimientos migratorios, una economía basada en los intercambios e incluso una distintiva indumentaria autóctona. Y al cuestionar cuál es o debería ser el hábitat ideal para mantener la vida en un lugar recóndito, también aparecen las disputas de los mismos lugareños por los márgenes de su cotidiano.

Entonces, cuando analizamos el altiplano de la región de Arica y Parinacota, que originalmente tenía varias comunidades indígenas predominantes sobre su territorio, la desolación y el abandono dominan la pauta de nuestra inspección. Sin embargo, lo que hemos recogido de sus formas de habitar, no solo fecunda el abandono, sino que además enfoca ese resistencia que emerge dentro de algunas comunidades aymaras. Porque son estas características geográficas y costumbres sociales las que han validado una nueva forma de conservar sus tradiciones. Incluso, si pensamos que este altiplano ha sido catalogado como un espacio rural cuando al mismo tiempo ha establecido un paralelo urbana.

Desde varios puntos de vista, el territorio altiplánico nos detalla como toda su textura se funde en una gran planicie. Aquí se entrelazan normas, conductas ancestrales y contemporáneas. En este sentido, el proyecto de Fabián España denominado Desiluciones presume la estricta paradoja de lo que proyecta una imagen fotográfica versus los paradigmas de la cultura andina.

La simbiosis que ha originado el recorrido de este fotógrafo nos conecta desde la perspectiva de esos pueblos sumidos en la puna hasta las nuevas figuras que representan el ocaso del hombre, un país y territorio que indeterminablemente han soportado el aislamiento.

En esta exposición, Fabián España nos presenta diversas imágenes que construyen una fábula. Fábula que pone en evidencia la vida de una cultura que no quiere olvidar ni sus ritualidades ni mucho menos su entorno. A simple vista, a través de la misma disposición de las imágenes comprendemos el pulso que posee la imagen fotográfica y que nos llevaría a suponer la desaparición de una cultura indígena.

La ritualidad andina ha asumido la difusión de sus procesos etnográficos más allá de estos parajes. Es por esta razón que Fabián España presenta una cultura que resiste a la ruina ante el desamparo que nos provoca este mundo cada día más mediatizado. Así, son estas imágenes que acoplan un sin número de sentimientos que han sido almacenados en la memoria de estas comunidades que yacen entre cerros, quebradas y bofedales.