Dominar lo ya conquistado!!

julio 2016

Categories: Texts

Caminando por las estrechas calles del centro de la ciudad Arica, en el norte de Chile, llevo apretado bajo el brazo un libro de Bauman: Modernidad Líquida. Más allá de llevar este libro conmigo, desde hace un par de horas, venía pensando dónde podría encontrar en el entorno de este lugar una que otra huella que me permita profundizar en su modus vivendi.

Arica es una ciudad particular, más aún si me encuentro en el límite ‘literal’ de la cuestión chilena. Además Arica es la ciudad más documentada, en Chile, de la época colonial ya que entre otras cosas fue el puerto para exportar la famosa plata de Potosí. Por eso, desde el trabajo de investigación curatorial, esta situación me sugiere cuestionamientos al proceso de dominación cultural que ha experimentado el norte de este país y como el mismo ha re complejizado la identidad de estos territorios.

La humedad de Arica es particular y no dejo de sentirla ante el intenso calor. Por momentos pienso que al caminar tantas horas bajo el sol, después de leer a Bauman, estoy inmerso en una de esas profundas voladas narcóticas! Mientras tanto aparecen preguntas ¿Por qué pienso y re-analizo tantas veces la frase ‘dominación cultural’ desde Arica? Por ahora no me gustaría seguir analizando una frase tan conflictiva, pero no tengo otra opción, ya que es aquí, frente a una que otra fachada colorida, palmeras y el hedor a pato yeco, desde donde he estado elucubrando las formas que ha tenido esta América para dominar y perpetuar su poder colonial, incluso en un lugar tan emblemático como Arica.

Desde el contacto que he mantenido con esta ciudad y frente a las historias que han relatado aspectos coloniales, podría comprender que la dominación cultural es como una especie de interface entre dos o más dimensiones que están compuestas por imágenes tangibles y narrativas intangibles; y que éstas al acoplarse entre sí han afectado la información que observo sobre lo que ya ha sido conquistado. Por lo que para comprender las nociones de dominación cultural amplifico que lo ya conquistado –que está en constante revisión– podría ser entendido como un concepto incompleto. No obstante hay bastante información que justifica la dominación de una cultura sobre otra ya que esta acción acumula en si misma diversas transformaciones visibles, dentro de nuestro entorno, con el paso de los años.

Con estos cuestionamientos que surgen mientras continuo mi caminata por las calles del otrora “Puerto Potosí”, denoto que a través de diversas corrientes disciplinarias, transdisciplinarias y una que otra teoría filosófica, podría lograr entender las brechas que vemos a través de esa historia de dominación cultural que aparece en nuestros pueblos y cómo esto ha estado influyendo en algunos proyectos de arte actual a través del extenso territorio chileno.

Ante estos argumentos la artista visual chilena Patricia Domínguez ha recogido un par de símbolos que están incrustados en ciertas historias con las cuales el sistema colonial en América ha pretendido recalcar sus doctrinas y que al mismo tiempo éstas han discriminado una serie de espacios y territorios antagónicos. Pero aunque las ideas coloniales son parte de un sistema que sintomáticamente ha colapsado desde sus comienzos, hoy vemos como sus artilugios conservan una identidad que sorprende enormemente, incluso en la imagen audiovisual que presenta a un caballo y que ante toda esta reflexión, pueda ser rescatado como uno de los instrumentos más emblemáticos de la conquista.

Ciertamente para esta artista la imagen del caballo y lo colonial han estado en el colapso absoluto porque esas imágenes que los engloban chocan con el contexto de ciertos aspectos folclóricos, étnicos y políticos que han descompuesto el poder de la dominación cultural dentro de la monotonía que nos ha presentado el discurso hegemónico. Ejemplo de ello son la re-utilización, por parte de la mencionada artista, de ciertos guiños al tema precolombino y como éste ha sido sincretizado impositivamente por los estudios antropológicos actuales que tienden a estructurar las cosmovisiones incompatibles entre si. De hecho bajo el rótulo de la cultura visual, son varios los artistas que han construido narrativas que contraponen o salpican en eso que entendemos como dominación cultural versus cosmovisión; pero son muy pocos los que han podido relatar las trabas que aparecen ante las múltiples producciones, dentro de la cultura, de imágenes.

Tomando en cuenta su carrera como artista visual, Domínguez ha enfocado el relato de la dominación en una dimensión cultural más amplia. Es por eso que si la globalización o el multiculturalismo globalizado ha producido una imagen del caballo como instrumento colonial y de poder, el espacio para la exhibición y difusión de una obra como ésta territorializa la dominación cultural que la artista pretende mostrar. Es así como la propuesta audiovisual de Domínguez crea una ficción de la imagen orgánica que en esta ocasión ha sido dominada. También para este caso el guión ha ficcionado con la fisonomía del caballo que lucha ante la dominación cultural. El caballo ha sido cubierto de una particular iluminación que va determinando el pulso de esta vanguardista propuesta. Incluso podría argumentar que la imagen, movimiento e iluminación del caballo imponen un pensamiento local anti-colonial que ha tenido que digerir las ‘teorías decoloniales europeas’ que más bien actúan, en palabras de la propia socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, como ‘neologismos de moda antipáticos’.

La dominación cultural, en tiempos de la globalización, distingue la permanencia de un sujeto en un territorio, lo convierte en inmigrante de su mismo espacio, lo que nos hace pensar que todos los cambios históricos que han ocurrido, a través del tiempo, y que suelen ser representados por los ‘artífices’ pretenden interpelar aquella dominación cultural que es consuetudinaria al territorio. Es más, los artífices al construir referencias sobre una serie de perfiles sociales y culturales, propios de la época contemporánea, desdibujan los cambios constantes, rápidos y permanentes que presenta la cultura visual de un país. Esta afirmación, es bastante clara pues permite dar cuenta que la imagen del caballo construye planteamientos que no solo deben ser entendidos como la mera reacción ante lo que el simboliza, sino que además recalca en las diferentes prácticas, las múltiples relaciones y los variados procesos de subjetivación que hacen referencia a la cuestión colonial, por lo que sería posible relacionar la imagen del equino a cuestiones de dominación cultural. Ciertamente después de esto podemos inferir que la dominación no es solo cultural, también ha sido llevada a cabo en desmedro de la geografía y el paisaje, una situación que invita a revisar qué sería lo específicamente dominado.

En un país donde el pasado aparece tanto como el presente, los aspectos de dominación cultural parecen ser puntos de identificación inestables dentro de los discursos de la historia y de la cultura. Lo expuesto anteriormente insiste en que el estudio de la dominación debe reconocer la posición del sujeto en las prácticas discursivas que la construyen y que al mismo tiempo él, individual o colectivamente, procura y transforma.La dominación cultural ya sabemos que no se remite solamente a lugares, también da cuenta de esas relaciones espaciales, de las arquitecturas, los campos cromáticos y la creatividad que son articulados dentro de las diferentes posiciones ideológicas y subjetivas.

Luego de recorrer varias cuadras de esta húmeda y variopinta ciudad, he construido una somera reflexión que da cabida a la construcción de un relato que determina que una parte del trabajo propuesto por Patricia Domínguez no es sólo relacional, sino más bien pasa por una cuestión antropológica. Es la dominación de lo ya conquistado que bajo la lupa de la creación audiovisual, el estudio y una efectiva puesta en escena crean un horizonte de significaciones en la ya manoseada tradición de difusión cultural. Es ahí donde surgen sociabilidades que construyen otras cosmovisiones visibles, intangibles, sonoras sobre los aspectos que envuelven nuestra dominación cultural.

To dominate what has already been conquered!! (Translated: Nahual Lhorente)

Walking through the narrow streets of downtown Arica, a city in the north of Chile, I carry tight under my arm a book by Bauman: Liquid Modernity. Apart from carrying this book around with me, for a few hours now, I’ve been thinking of where I could find, in these surroundings, some kind of trace or other which would allow me to delve into his modus vivendi.

Arica is a special city, even more so if I find myself in the “literal” limit of the Chilean issue. Moreover, in Chile, Arica is the most documented city of the colonial period because, among other things, it was here where the famous Potosi silver was exported from. That is why, from the curatorial research standpoint, this situation suggests certain questionings in regards to the process of cultural domination which the northern part of this country has experienced and the way this very same process has made the identity of these territories a more complex matter.

Arica’s humidity is a peculiar thing and I can’t stop feeling it under the intense heat. At times I think that by walking so many hour under the sun, after reading Bauman, I’m immerse in one of those deep narcotic highs! Meanwhile, certain questions arise: Why do I think and re-analyze over and over the phrase ‘cultural domination’ from Arica’s viewpoint? For now I wouldn’t like to continue analyzing such a controversial phrase, but I don’t have a choice, since it’s been here, in front of the occasional colorful façade, the palm trees and the ‘pato yeco’ stench, from where I’ve been construing the ways in which this continent of America has dominated and perpetuated its colonial power, even in such an emblematic place like Arica.

Considering the contact I’ve maintained with this city and the stories which tell of its colonial aspects, I could understand that cultural domination is like a kind of interface between two or more dimensions composed by tangible images and intangible narratives; and that these when put together have affected the information I observe on what has already been conquered. Therefore, in order to understand the notions of cultural domination, I underline that what has already been conquered –which is in constant revision– might be understood as an incomplete concept. Nevertheless, there is quite a bit of information that justifies the domination of one culture over another because this action has gathered in itself several visible transformations, in our surroundings, as the years have gone by.

With these questionings arising while I continue my walk through the streets of the city once known as “the Port of Potosi”, I indicate that by means of several disciplinary and transdisciplinary studies, as well as one or other philosophical theory, I could be able to understand the gaps we see through this history of cultural domination which appears in our people and how this has been influencing some current art projects along the vast Chilean territory.

In the face of these arguments, the Chilean visual artist Patricia Dominguez has gathered a couple of symbols embedded in certain stories which the continent’s colonial system has used to emphasize its doctrines and that, at the same time, have discriminated a series of antagonistic spaces and territories. But, although the colonial ideas are part of a system which symptomatically has collapsed since its beginning, today we see how its contrivances conserve an identity which surprises us in a great way, even in the audiovisual image which presents a horse and that, facing this reflection, might be rescued as one of the most emblematic instrument of conquest.

For this artist, the image of the horse and all that is colonial have certainly been collapsing because the images encompassing them clash with the context of certain folkloric, ethnic and political aspects that have decomposed the power of cultural domination within the monotony the hegemonic discourse has presented to us. An example of this is the re-utilization, on the part of the mentioned artist, of certain hints to the pre-Columbian theme and how this has been syncretized through imposition by current anthropological studies which tend to structure the incompatible cosmovisions. In fact, under the banner of visual culture, several are the artists who have built narratives which counter or spatter what we understand as cultural domination versus cosmovision; but there are very few who have narrated the obstacles which appear in the numerous productions of images, within the culture.

Taking into account her career as a visual artist, Dominguez has focused the narrative of domination in a wider cultural dimension. That is why if globalization or globalized multiculturalism has produced the image of the horse as an instrument of colonialism and power, the space for the exhibit and the diffusion of an artwork like this one territorializes the cultural domination the artist wishes to show. This is how Dominguez’ audiovisual proposal creates a fiction of the organic image which, on this occasion, has been dominated. Also, for this case, the script has fictionalized the horse’s physiognomy which struggles with cultural domination. The horse has been covered of a special lighting which shall determine the pulse of this avant-garde proposal. One could even argue that the image, movement and lighting of the horse impose a local anti-colonial stance which has had to digest the “European de-colonial theories” that rather act, in the words of the Bolivian sociologist Silvia Rivera Cusicanqui, as “unpleasant and fashionable neologisms”.

Cultural domination, in times of globalization, differentiates the permanence of a subject in a given territory, turns him into an immigrant of his own space, which makes us think that all the historical changes that have occurred, through time, and that tend to be represented by the ‘authors’ claim to question this cultural domination which is customary to the territory. Moreover, the authors by building references on a series of social and cultural profiles, typical of the contemporary period, blur out the quick, constant and permanent changes the visual culture of a country presents. This affirmation is quite clear as it allows us to realize that the image of the horse builds approaches which must not only be understood as the mere reaction of what it symbolizes, but as well underlines, in the different practices, the multiple relations and the varied subjectivation processes which makes reference to the colonial issue, which is why it would be possible to relate the image of the horse to issues of cultural domination. Afterwards, we can certainly infer that domination is not just cultural, but also has been carried out in detriment of the geography and landscape, a situation which invites us to revise what specifically is being dominated.

In a country where the past appears as much as the present, the aspects of cultural domination seem to be unstable identification points within the discourses of history and culture. What has been previously exposed insists that the study of domination must recognize the position of the subject in the discursive practices which build it and which at the same time he, individual or collectively, obtains and transforms. We already know that cultural domination doesn’t only refer to places, but also realizes these spatial and architectural relations, as well as relations in regards to chromatic fields and creativity, which are articulated within different ideological and subjective positions.

After strolling through several blocks in this humid and multi-colored city, I have built a rough reflection that provides space for the construction of a narrative which determines that a part of the proposed work by Patricia Dominguez is not only relational, but rather goes through an anthropological issue. It’s the domination of what has already been conquered which under the magnifying glass of audiovisual creation, study and an effective mise en scene creates a horizon of significances in the already tampered tradition of cultural diffusion. It’s here where the sociabilities which build other visible, intangible, sonic cosmovisions on the aspects which envelop our cultural domination arise.