electro-geografías

diciembre 2015

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Cuando recorremos la geografía de Chile observamos e incluso olfateamos la diversidad que expele su fisonomía. Sobre este territorio es posible advertir las huellas de un pasado y presente que está en constante movimiento. Un ejemplo muy preciso es que aquí las sacudidas de la corteza terrestre impactan en nuestros cuerpos pero, visiblemente, esos ‘actos telúricos’ agrietan las construcciones que nos rodean, más aún si esos inmuebles han sido levantados con materiales rústicos o endebles.

Esas endiduras que aparecen sobre las fachadas de casas y edificios son una especie de archivo de una memoria que está al tanto de cómo la tierra reacciona, cómo está viva. Los temblores y terremotos, fenómenos de liberación de energía, son transmitidos a través de las grietas que van desdibujando las superficies y los objetos. Las grietas no solo son vestigios sino que también espacios intermedios que conservan esa energía que es liberada por la tierra. Asimismo la fricción tectónica contiene nuestro carácter, lo retiene, lo sacude; provocando, como es costumbre, un cúmulo de reacciones sicológicas y fisiológicas inaudítas.

Con este escueto periplo puedo construir un relato que cuente específicamente lo que lleva a una artista visual como Amparo Prieto ha moldear en sus manos el adobe –mítico material de construcción. Es ella quién al moldearlo se encuentra con la estética que exponen estas grietas y desde donde construye una historia que va más allá del trabajo artesanal que han ido creando sus introspecciones bajo el contexto de los frondosos valles de la precordillera maulina. Es allá, sobre esos ripiosos senderos que la magnitud de los últimos movimientos telúricos ha dejado una gran cantidad de centenarias haciendas, iglesias y monumentos en el suelo. Algunas edificaciones son re-construidas, sin embargo muchas tantas hasta el día de hoy yacen convertidas en desechos de una época.

Los escombros marcan hitos por lo que los materiales derrumbados se impregnan al esquema del trabajo inicial de esta artista. Un trabajo que parte por su conexión con la tierra. Para ella el adobe respira, por lo que el acto de moldearlo la inspira a re-plantearse su práctica artística. Casi todas sus reflexiones, en torno al adobe, revelan las coordenadas de un país con serias fisuras pero también subyugado a un territorio que evidentemente es moldeado por los sismos. De esta manera, Amparo Prieto analiza en esas fisuras, visibles sobre el adobe roído, un espacio para crear un discurso artístico desde uno de los lugares más apartados del país. La reflexión que generamos es a partir  del poder de la tierra, esa tierra que en este lugar es fértil pero que recambia sus contextos físicos sin mediar. Entonces al ser estos movimientos telúricos los que definen el trabajo de investigación de la artista proyectamos ciertas interrogantes sobre lo físico en el espacio, ese que ha sido alterado por el movimiento de la tierra.

En diversas ciudades y pueblos no solo las grietas marcan un tiempo y espacio. En el caso de una gran parte de la precordillera del Maule la energía electromagnética también ha causado un daño a la tierra, la naturaleza y a sus lugareños. Las cientos de miles torres de alta tensión que rodean las cercanías de Rabones emiten cargas electricas invisibles. Su magnitud y prestancia narran la invasión de grandes transnacionales sobre el territorio, interviniendo el paisaje y provocando que los efectos nocivos sean asemejados a las de aquellas grietas que actualmente son visibles en los adobes. Sin duda estas torres son los monumentos de un país que busca desesperadamente unos espacios para generar energía y donde cada vez su afanosa actitud industrializada va propagando la incuestionable dependencia energética que solo ha presentado desgracias y desdichas. Y aunque la energía electromagnética no es visible, puede asemejarse a un espectro que descarga su ectoplasma. Lo ‘electromagnético’ posee un ruido particular, marca un tiempo en la atmósfera y acelera tu estabilidad sicomotora. Pero es trascendental como su fuerza sentencia a esos entornos ciudadanos a vivir bajo un tiempo que está demarcado por millones de descargas de energía.

El conjunto de esta palpitante relación de campos de energía activos, o sea lo que contiene el adobe, cómo se mueve la tierra y la forma en la que se desprende lo electromagnético, invitan a la artista a crear una seria de ‘obras’ que conjugan una estética que sobresale del espacio convencional de exhibición. Las intervenciones que presenta juegan con el fulgor de la fibra óptica y como ésta emprende un circuito que va distribuyendo luz entre las grietas de inmuebles abandonados y objetos confeccionados con la arcillosa estampa del campo.

¿Qué más podría evidenciar la energía electromagnética en este caso? Claro, puede hacer visible lo invisible y crear una sensibilidad que abriría nuevos cuestionamientos que nos permitan establecer cómo estos conductores de  energía pueden transformarse en muchas otras formas de energía. Las cargas suministran la función de algunos objetos pero, por otro lado, transmiten en nuestros cuerpos una seria de transtornos, por momentos, incorpóreos.

Podemos tomar nota que la geografía es visiblemente adversa en estas pesquisas que exhibe Amparo Prieto. Y aunque cada cierto tiempo el hombre y el actuar irresponsable de algunas empresas delinean las vivencias de estos campos, la grieta, la luz y la energía liberada por la tierra aglutinan un discurso que puede ser advertido por una comunidad. Estas propuestas han esquematizado el factor artesanal, ese quehacer manual que ha cultivado el paso del tiempo sobre estos lugares.

Finalmente el trabajo de Amparo Prieto está constituido por algunas características propias del trabajo de artístico con las que ella ha boceteado esa relación escalofriante entre lo telúrico, el adobe y la energía electromagnética. Todos estos son puntos que convergen entre si y distribuyen energía que permite crear unos transmisores que van asignándole a estas ideas otros valores. Por lo que las ideas conceptuales que rodean estas propuestas componen las acciones sobre un gran campo de energía que nos invita a generar reflexiones, no desde la historia del arte o la curaduría, sino más bien para que éstas sean estudiadas bajo la relación sicogeográfica que experimenta el trabajo artístico en esta zona del país.