Huachistáculo: Fotonovela en frecuencia modulada

diciembre 2012

Categories: Texts

“Comprendí que delante de mentirosos no se puede colocar un cuento real. En la sociedad de mentirosos habituales se establece una psicosis de maravillas inverosímiles, de absurdos y fábulas”.

Con esta cita del escritor Joaquín Edwards Bello, Huachistáculo cerraba Malediction: los siete estados de la cama voladora, su fotonovela número 6 (2009). Ésta fotonovela, por una lado, presentaba un trasfondo errático y emancipado a los caprichos de su mismo protagonista. Y por otro lado, ponía en evidencia la existencia de una fábula que advertía unos cuerpos y varios espacios sobre esa región penquista.

Desde sus inicios, este performer ha creado un estudio de cómo se enfrenta la creación artística en lo público. Alterando de forma concreta la comprensión de lo eminentemente artístico, las formas de exhibir y representar. Al mismo tiempo la forma en como los artistas difunden y coordinan la promoción de sus acciones.

Pero hoy, cuando han pasado un par de años desde una de sus varias fotonovelas, y frente a la actual contingencia política del país –envuelta por miles de marchas y protestas reivindicadas en el espacio público– la acción de este artista deja de manifiesto cual sería el motor de su actividad performática. Porque, en esos espacios públicos tan conocidos por Huachistáculo, los relatos enraizados en la destemplanza del mismo cuerpo asumen varias coordenadas que nos aproximan a su obra.

De este modo, Huachistáculo y sus constantes acciones callejeras manifiestan cierta incredulidad en lo público, asunto que comúnmente se entrelaza a ese talante que conservan los espacios tradicionales del arte. Esa tensión y conflicto en espacios tan disímiles remueve los parámetros culturales que regulan el comportamiento social y, más aún, cuando se hace referencia a un comportamiento social regulado bajo esta particular estructura de sociedad democrática en la cual vivimos.

¿Será que esta manera de hacer performance pone en jaque la utilización del espacio público o la regulación a la cual se expone la misma acción?

Desde sus primeras fotonovelas, Huachistáculo ha adquirido una connotación fundamental para el análisis de las acciones de arte contemporáneo llevadas a cabo “en los primeros años de la década pasada” en la ciudad de Concepción, la cual se articula, particularmente, de manera más rural que urbana.

Es por eso que, Huachistáculo, entre sus trances y mutaciones ha mostrado una dialéctica ininterrumpida entre su modo de producción performática y ese público que lo observa y recrimina. Además, se ha convertido en un paladín que conjetura la tensión estética entre dos modalidades de comprensión del fenómeno de la performance: la que propone el artista y la que el público comprende de ella.

A partir de sus performances, el artista ha desarrollado una temática que procura el sujeto político, instalando la problemática de la percepción y disposición del cuerpo, no considerando su estructura biológica sino estética. Asimismo, tal como lo indica la fenomenología: el cuerpo aparece como soporte originario de la existencia y no como simple envoltorio del espíritu o como un cuerpo pensado por/y para las ciencias.

Así, el esquema de creación que él ha puesto sobre esta pequeña mesa percutida denominada arte chileno contemporáneo, nos propone una subversión a los convencionales parámetros estéticos con los cuales se rige la performance aquí y en varios países latinoamericanos. Por ese motivo, su performance no solo ha construido su perspectiva desde Chile sino desde hace un par de años desde México. En ese país, Huachistáculo relata y merece posicionar su acción política y sobre todo, de ciertos parámetros sociales insertos en sus acciones. De ahí que, entre otros efectos, la presentación de sus acciones se convierten en un rito colectivo que impregna en el logos de un público callejero e inaudito.

Por otro lado, podemos ver que el tensionar el rol social del ciudadano y de algunos aparatos del Estado que resguardan el orden público, tiene un trasfondo antropológico que interpela al artista más allá de su rol estético. Es, justamente este trasfondo el que develará su estética, al transformarse en un signo corporal, cuyo referente fundamental es el paisaje urbano-rural y su cita a lo absurdo e irónico de su rededor.

Por consiguiente, Huachistáculo y su cuerpo-signo ha ingresado como referente de la acción corporal, un cuerpo que autorretrata y desoculta la intimidad del comportamiento colectivo. En algunos casos, a través de acciones que presentan episodios de una sociedad latinoamericana prisionera del espectáculo y del jolgorio mercantil.

De este modo, por infringir las normas individuales y colectivas que nos llevan a construir tabúes y a determinar el comportamiento humano, es que Huachistáculo ha sido uno los pocos performer en Chile que debe ser condenado por sus acciones en el espacio público, por cierto, un espacio que ha estado en crisis.

En síntesis, las acciones de Huachistáculo son un fenómeno cultural, político, religioso, etc. Pero donde cada uno de estos intensifican la unidad del acontecimiento social, ya que es imposible reducir la vida interhumana sólo a las relaciones económicas, jurídicas y morales.