“Iquique-Arica-Santiago e Intermedios: Una exposición que se mueve” de Cristián Segura

agosto 2009

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Agosto/Diciembre 2009

 

Es posible establecer que la interconexión terrestre desde Santiago al norte del país, interfiere en: los límites del territorio chileno, su relevancia geopolítica, la emigración y, por cierto, el alcance actual de los medios de transporte en la vida contemporánea.

La presencia geográfica de este país y sus límites permite en la zona norte el tema de la emigración sea abordado como un problema devenido para lugares con altos niveles de desarrollo. Además, entiéndase que la causalidad espacial de todo este sector, ha condicionado el camino para escapar de aquellas dificultades cotidianas que enfrentan los foráneos.

Ciertos caminos buscan interpretar las políticas de integración, presentes en el discurso de los diversos gobiernos regionales y municipios que conforman “el espacio norte de la capital”[1].

Sobre algunas interpretaciones, estas tramas sociales se ponen en marcha, evidentemente, provocadas por la interregionalidad dispuesta en la salida y llegada de buses desde Iquique, hacia el norte (Arica) y sur del país (Santiago e intermedios)

La efectividad comunicativa que genera la carretera, consta también de quienes transitan por ella. Es bien conocida el periplo de cientos de inmigrantes peruanos que cruzan su frontera hacia la ciudad de Arica en busca de oportunidades laborales, y otros hacen lo mismo en las fronteras de la región de Tarapacá y Antofagasta. Por otro lado, la expansión económica que existe en el norte de Chile producto de la gran minería del cobre, ha masificado el uso de buses interurbanos en la zona.

Los engorrosos horarios de trabajo del minero y de algunos operarios de estos yacimientos, permiten a las empresas de buses instaurar esporádicas “paradas”, en desérticos caminos, legitimando y alternando un núcleo social que establece una momentánea pero efectiva red de comunicación. Esos viajes marcan una concatenación de aspectos físicos, geográficos y culturales que es posible experimentar en el trabajo audiovisual de Cristián Segura, denominado “Una exposición que se mueve” que consta de cuatro videos: Colección Mercedes Santamaría, 4,22 minutos, 2009; Patinar en el MACBA, Museu d´Art Contemporani de Barcelona. 2,55 minutos, 2008; Corro en el Museo,
0,42 minutos, 2007; y Restitución Temporal, 2 minutos, 2006.

Convertir el bus en un gabinete de video también determina el régimen de relaciones que entablan los pasajeros al tomar asiento y, desde luego, produce efectos sobre la comodidad de los viajes terrestres e interpela su condición de inmigrante, turista o fugitivo.

“Una exposición que se mueve” afecta la relación que establecen entre sí los pasajeros de un bus y permite reflexionar acerca de la que establecerían los encargados de difundir el arte. Por ejemplo, la exploración que hacen los pasajeros de la obra de Segura, en la parada de una estación de servicios de Chañaral (región de Atacama) o en el Terminal de buses de La Serena (región de Coquimbo) compila sentimientos encontrados de cómo ellos se entienden con los espacios culturales.

Una de las interrogantes, para los televidentes, de “Una exposición que se mueve” es la característica que poseen sus lugares de origen –tanto de chilenos como de extranjeros- y el tema de la pérdida constante de su patrimonio.

¿Cómo se entiende un individuo en relación con el espacio visual en el siglo XXI? ¿Qué efectos positivos provoca la documentación en dichos espacios?

Aunque estas preguntas no puedan ser respondidas al instante, se perciben los murmullos en estos viajes que presentan otras interrogantes.

Por lo tanto, ya acostumbrados a leer las disonancias eruditas de cómo debería plasmar un museo su importancia y función, es preciso que sus responsables analicen esta provocadora situación.

La conectividad de estas carreteras y el dispositivo de Segura, nos ensamblan el logos de la musealidad y, por cierto, la propia conectividad de los límites del arte. Tres pasajeros entienden la precaria situación museal y otros sienten la inquietud de visitar esos espacios, simplemente, quieren decir: poner en discusión los circuitos del arte.

Entonces esta propuesta de materialidad crítica y aleatoria produce un recorrido azaroso por la intrincada geografía de nuestro país y nos invita a una perpetua cavilación.


  1. Llámese a las regiones de (en orden de sur a norte) Valparaíso, Coquimbo, Atacama, Antofagasta, Tarapacá, y Arica y Parinacota.