La vanidad de los objetos

agosto 2013

Categories: Texts

“Será entonces cuando el recuerdo agradecido de los hijos del mañana mire con nostalgia, devoción y admiración los objetos, símbolos e imágenes que hayamos sabido legarles, como pruebas tangibles, que ilustren estás décadas de la historia de Chile” [1]

El antropólogo Leslie White propuso que los seres humanos debíamos ser denominados como “animales simbolizantes”, ya que según él es imposible omitir el papel que han ocupado los símbolos en las ciencias, la política, la expresión artística y corporal en nuestras vidas. Y dado que los símbolos son culturalmente dependientes, tanto en la factibilidad como interpretación, abordar su vasta y compleja problemática expresaría, en parte, lo que hemos interpretado acerca del poder que éstos poseen.

Durante estas décadas del siglo XXI, son diversos los análisis que han rescatado las características visibles del poder en uniformes, insignias, armas, creaciones artísticas, edificios, entre otros. Pero un ejemplo de complejidad simbólica, es el que nos presentan los diferentes objetos y ornamentos que integran los emblemas de una dictadura. Porque es ahí donde la pasión agresiva de un dictador aparece y, al revisar sus perturbaciones indomables, comprendemos las ideologías con las que éste pretendió instalar su poder. Por eso, cuando re-estudiamos estas iconografías que otorgaron legitimidad a varios dictadores que ejercieron su poder en el vecindario sudamericano, observamos que la imagen diseñada, exclusivamente, para difundir su patriotismo fue más allá de lo elemental.

Estas dictaduras que otros irresponsablemente denominaron ‘dictablandas’[2], crearon una estética que exacerbó un conflicto social y político sin precedentes. Una iconografía que va de la mano con hechos, consecuencias y objetos que conforman una estetización de la violencia. Son estos objetos, abyectos e imprecisos, los cuales cumplieron el cometido principal de esos quienes pretendieron construir una historia ‘reciente’. Por lo que al ver unas medallas condecorativas, comprendo que la vanidad de sus creadores, solo evidencia una simbología que sucumbe ante la desdicha política y republicana que muchos sorteamos durante las décadas del setenta y ochenta. Incluso este asunto, hasta el día de hoy, se prolonga de manera solapada en Chile.

Es por estos motivos que cuando Claudio Correa conceptualiza la función representativa de las medallas y su resignificación, denomina a su obra “Misión Cumplida”. Un proyecto que hoy podemos ver en la exposición “Historias del Objeto”, curada por el colombiano José Roca en la Galería Gabriela Mistral.

La revelación del poder en estas medallas, perpetra una simbología clásica con la que Correa ha conformado dos esculturas provenientes de ese mundo militar tan ligado a la dictadura. Estas esculturas de cera –material combustible– van modificando su forma, pero al mantener su esencia son homologadas a ese imaginario que interroga el devenir de su forma, cuyo contenido autoritario es inalterable. De esta manera, las esculturas se desenvuelven en la sala de la misma forma que una bomba de racimo, des-construyéndose en 2.500 medallas a escala 1:1 de las originales. Estas medallas que corresponden al Ejercito de Chile poseen diferentes características. Una de ellas hace referencia al llamado “Tanquetazo” del 19 de junio de 1973, mientras que la otra corresponde a la “Medalla al Valor”, otorgada por el Ministro de Defensa Nacional en reconocimiento al acto de ‘valor y arrojo’ después del atentado a Pinochet en el sector del Cajón del Maipo, el 7 de septiembre de 1986.

Pero estas medallas no están solas, les acompañan dos fotografías digitales que simulan una ceremonia de premiación militar. Aquí el foco se centra en una chaqueta que ya posee la medalla “11 de septiembre de 1973” —insignia entregada por servicios distinguidos durante el Golpe de Estado del 73— y que está recibiendo otra medalla que lleva por nombre “Misión Cumplida” —insignia al mérito que se otorgo al término del Régimen Militar en 1990– y que destacaron en las solapas de varios civiles que colaboraron con la dictadura pinochetista. No obstante, al ver estas fotografías en HD evidenciamos un montaje en torno a esa visualidad específica de estos objetos; un espacio que nos convoca a examinar la inexistencia del tiempo.

Adicionalmente, para rematar el sentido de estas fotografías, yace una frase que remarca la encarnizada estrategia política de estos objetos: Después de su condecoración, debe desprenderla de su guerrera, meterla dentro de un sobre y destruirla. Tampoco puede mencionar a nadie que fue condecorado.

Al parecer, el montaje descrito exterioriza la paradoja que se aprecia entre el hermetismo de la iconografía y los textos que acompañan a las medallas. En este caso, la iconografía simbólica de las medallas alude a elementos luminosos como estrellas, rayos de luz, alas, etc. Sin embargo, esa simbología en combinación con los textos son una sola imagen que encubre esa benevolencia, que en este caso es asignada solo por un grupo de personas que las reconocen. Así, Correa contrarresta y expone ese contrasentido, entre lo reservado y lo indiscreto, que significó la entrega de estas medallas; por eso nos preguntamos ¿Cuál es la misión cumplida?

  1. Este texto fue encontrado por Claudio Correa en el prólogo del libro “Medallas y Condecoraciones”. Es un protocolo de medallas que fue entregada a la Escuela Militar por S.E. el presidente de la República Capitán General Augusto Pinochet Ugarte. Impreso en el Instituto Geográfico Militar de Chile, Santiago, 23 de agosto de 1989.
  2. http://www.youtube.com/watch?v=OVvcqVRPyb4