Prospección de (in)cierta actividad humana

julio 2015

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Una “unidad socialmente significativa” –que es la base concreta del estudio empírico de la arqueología– es aquella que está representada físicamente por un objeto, grupo de objetos o cualquier vestigio de la actividad social que representa un hecho “social”

Luis Lumbreras[1]

 

Sobre el territorio de Chile continental, bajo miles de toneladas de sedimentos, nos encontramos con diversos sitios arqueológicos que aún siguen despertando el interés de los expertos. Sitios que por su dimensión y complejo estado de conservación llaman la atención tanto para algunas instituciones del Estado como para empresas privadas que evalúan la forma en como recuperarlos. Sin embargo muchas de las gestiones para proteger estos sitios han quedado relegadas de un estudio certero que efectivamente los proteja y conserve como tal. Es así como encontramos que las evidencias de actividad humana del pasado del valle de Santiago, en la mayoría de los casos, están sepultadas. Muchas de ellas jamás saldrán a la luz. Otras tantas a las cuales les han dado un respiro, son expuestas como grandes ejemplos de recuperación patrimonial. Pero también se ha descubierto que diversas excavaciones arqueológicas no solo han sido cubiertas por el transcurso de los años o por los efectos climáticos, sino que además es lamentable darse cuenta que varias de éstas han sucumbido ante la demoledora interrupción que han realizado algunos(as) a esos vestigios encontrados en el subsuelo y que indudablemente nos revelarían el contexto de un pasado aún incierto.

Con estas reflexiones propias de una exploración de campo, en torno a un territorio específico, surgen un sin número de interrogantes de cómo la abordamos críticamente. En este caso, el análisis surge desde la inflexión que expone la artista visual chilena Pilar Quinteros que ha investigado distintas aristas que visualizan la recuperación y ‘puesta en valor’ arqueológica que emerge a través del trabajo de prospección en diversos puntos de la gran metrópolis. Muchos de éstas imágenes sobre los ‘descubrimientos’ han sido viralizadas mientras decenas de empresas inmobiliarias han estado trabajando en plena faena; otras tantas, han aparecido durante la construcción de la extensión de la red del tren subterráneo. Por lo que frente a estos antecedentes podemos asegurar que la gran mayoría de los restos arqueológicos de esta ciudad son descubiertos por accidente. En estricto rigor, todo está ligado al trabajo ‘compulsivo’ de empresas privadas que en su cometido principal no existe el espacio para la investigación arqueológica ni mucho menos para recuperar invaluables objetos. Es más, desde el desconcierto absoluto podríamos conjeturar que esta zona del país, esta zona ‘central’, conserva una historia ‘entierrada’ que por lo general solo nos entrega mitos acerca del valor arqueológico que promueve la industria de “turismo cultural”, pero también sobre ciertas especulaciones escritas por los ‘artífices’ que inscriben el origen de la identidad que poseían un par de culturas precolombinas que habitaron los valles de esta parte de Chile.

Dentro de este proyecto denominado “Cementerio Indio” la artista excava y da a conocer esos vestigios de una realidad detenida y acumulada en la profundidad y rodeada de objetos que designan un entorno. Objetos y colores que nos relatan el aspecto y diámetro de un habitat particular, pero que por otro lado nos muestran el paso del tiempo. Esa realidad acumulada señala un contexto y las maneras de cómo deducimos la historia. Como si esa historia –esta historia– se acumulará y se resguardará por si misma.

Si pudiera interpretar la visión de “Cementerio Indio”, en su conjunto, apuntaría a que estas cosmogonías enterradas no deberían ser testeadas y catalogadas para luego ser colocadas dentro de una vitrina de un museo o sala de exhibición, más bien una de las síntesis de esta acción expositiva es extrapolar una serie de ideas de lo que podría ser definido como patrimoniable en el contexto de las políticas de protección de los sitios arqueológicos. Por lo que en ningún caso estos objetos deberían ser acumulados en museos ni mucho menos ser parte de meros depósitos privados.

En “Cementerio Indio” el resto arqueológico medible, tangible y concreto refleja la necesidad por recuperarlo y no saquearlo. Por visualizarlo y no conservarlo fuera de los mismos sitios donde han sido encontrados. Ese complejo acto de exhumación nos sugiere una evidente anulación de las huellas encontradas ya que esos sitios no son solo documentos de la historia sino que además reconstruyen los contextos sociales de un territorio complejo y en constante movimiento.



  1. Luis Lumbreras citó esta frase en su renombrada publicación “La Arqueología como Ciencia Social” publicado en Lima el año 1974.