territorial y adverso

octubre 2014

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En Chile, desde hace bastantes años atrás, nos hemos visto enfrentados a comprender que son las regiones. Estas formas de administrar un territorio, por instantes indomable, han generado cambios significativos en la comprensión de los conceptos que establecen, por una parte, qué es región y, por otro lado, qué es territorio.

Ahora si bien en esta ocasión expongo el concepto de territorio y lo intercepto con el de región, asumo que las ideas para confrontarlos nos llevarían a re-definir las estrategias que vislumbran un espacio territorial y regional.

A simple vista en este país las regiones apuestan por una serie de proyectos que exponen un sistema irresponsable de gestión regional, el mismo que custodia una política administrativa que solo pretende modernizar y transformar tanto a las zonas urbanas como también a las rurales. Por lo que básicamente entendemos que la idea de regionalizar, independiente de las características físicas, sociales o culturales que los lugares presenten, establece mejoras en las condiciones económicas de los ciudadanos, omitiendo todo lo que esas mejoras económicas conllevan y exponen entre si. En este sentido, cuando me encuentro en medio del paisaje sureño o nortino no dejo de pensar en el entorno de éstos y cuáles serían los aspectos que definen su visión regional, el valor que le conceden al espacio territorial y cómo estudian las transformaciones sociales que lo constituyen como tal.

Pero con el transcurso de los años, llama la atención que en diversos debates e incluso en una docena de proyectos de artes visuales, se hable más de territorio y no de región. Asunto que nos sugiere cambios considerables en la forma en cómo percibimos este espacio territorial chileno aún diezmado por el centro.

Es posible que al caminar entre algunos descampados, diseminados en distintos lugares del país, rescatemos que éstos han sido colonizados durante consecutivos periodos por economías globales, las cuales requiebran sus propias geografías dentro del territorio. En este caso, requebrar geografías implica invisibilizar un entorno que ya ha sido interceptado por la abstracción y el vacío de esta tradición cultural chilena que niega sistemáticamente qué son las regiones y las homologa bajo una denominación territorial que no tiene cabida ni desde una perspectiva histórica ni mucho menos ante el descriterio que ha demostrado el Estado para la administración de estos espacios. No obstante a partir de un par de ejemplos logro modelar un juicio que interrogue a estos territorios desde los propios análisis que he obtenido de la producción literaria y específicamente de las artes visuales.

Es por eso que al tomar en cuenta cuales serían las características de estos territorios, interpreto que no solo el factor humano lo marca, sino que también el devenir de los mismos. Esos descampados poseen una expresión indestructible y una posición incuestionable que nos devela incluso el origen de las configuraciones cartográficas y colonizadoras. Origen que muestra al factor humano como el principal motor que ideologiza estas diversas geografías. Lugares que nos han mostrado como la vida humana aún no puede dominar el desamparo del paisaje así como tampoco puede enfrentarse a esos vacíos imprevistos que yacen de un extremo al otro. Por ejemplo, algunos casos que hemos recogido para justificar este panorama son la explotación mineral en el norte y el saqueo forestal indiscriminado por el sur.

Ciertamente ante la razón y los sentidos, el territorio es una idea abstracta. Es una imposibilidad pensarlo y estudiarlo sino generamos experiencias en el. Esa idea abstracta del territorio sólo puede sostenerse dentro del hábitat que construimos para entenderlo. Además el territorio actúa como el marco conceptual que puede distinguir y delimitar formas, figuras y tonalidades. Pero asimismo es el espacio que nos permite establecer distinciones entre esos quiebres, entre el campo y la ciudad, así como entre esas ciudades y pueblos que buscan legitimar su existencia. Por otra parte, el territorio concede y delimita una diversidad transcultural que se ha constituido en un elemento que nos vincula con la particularidad de definir una región. El mismo territorio incluye las relaciones que se llevan a cabo entre ellos y que también son diferenciadas entre territorios opuestos.

Entonces con esta somera reflexión hemos rescatado que el territorio no sólo tiene movimiento sino también dinámica. Éste produce, usa, apropia, imagina y transforma un conjunto de elementos que no sólo son diferentes ante sus condiciones económicas, políticas, sociales y culturales, sino que se ubican territorialmente frente a otras coexistencias. Al parecer hoy el territorio que antes se veía plano, a partir de los diferentes pensamientos que lo administran, nos abre una multiplicidad de movimientos y velocidades que lo presentan como tal. Dentro de estas perspectivas, el territorio se percibe como una entidad multidimensional y productora de trayectorias humanas que favorecen articulaciones, convergencias o divergencias.

En resumen, considero que es en este país donde debemos discutir seriamente sobre los territorios ya que esto es parte de la base transformadora de los procesos que nos vinculan con su geografía específica. Obviamente nos acercamos a escalas distintas de territorios, pero éstas existen y mantienen una visión crítica que en conjunto establecen reglas para articular y organizar las interacciones económicas, sociales y políticas entre los individuos y los grupos sociales ya sea con el Estado o con su manera de administrar la actual regionalización. Si el conocimiento del territorio hoy implica una capacidad creciente por dominar su espacio, que ha sido siempre político, comprendería por estos días que lo es más que nunca.