Transacción de Siluetas

diciembre 2014

Categories: Texts

Y si he de depositar mi confianza en algún sitio, la otorgaría a la psique del observador sensible y libre de las convenciones del entendimiento. No tendría ninguna aprensión respecto al uso que este observador pudiera hacer de estas pinturas al servicio de las necesidades de su propio espíritu; porque, si hay necesidad y espíritu al mismo tiempo, seguro que habrá una auténtica transacción.

Mark Rothko

La cultura visual exhibe, cada cierto tiempo, como algunos artistas visuales van más allá de las estructuras jerárquicas que los llevan a componer una imagen. Es decir, como estudian los límites que han dejado las huellas de la representación simbólica y como el logos contenido en una imagen constituye la unidad semántica compuesta por un lenguaje y su relación con las construcciones culturales inscritas en la representación iconográfica.

Por ejemplo, en la actualidad es bien conocido por todos que el reino hegemónico de la imagen publicitaria se ha convertido en el género que domina las imágenes, provocando que la capacidad de crítica del espectador desaparezca. Por consiguiente, este actual espectador es un receptor de analogías y consumidor de referentes simbólicos dotados de testimonios inmediatos, que ejercen formas de poder que se inmiscuyen en las transacciones de consumo.

Entonces al observar una pintura, la noción que obtenemos de lo pintado, estrictamente, tiende a relacionarse con esos sentimientos que exterioriza el autor. Emociones inigualables que van componiendo en nosotros ciertos hechos vivenciales y temporales. Sin embargo, no es posible asimilar todo lo visto sin antes generar una transacción desde eso que estamos observando hacia lo que deseamos ver. Porque es ésta transacción la que implica desplazar la mirada pero, al mismo tiempo, digerir esas estructuras construidas por los creadores dentro de esta realidad visual alegórica e intencional.

Ahora, para este caso y frente a unas pinturas, nuestra razón no solo le presta una activa atención a la textura pintada, sino también a las formas que revelan la existencia de siluetas. Todas ellas imágenes compuestas por figuras y colores que revelan la configuración de su contexto que ha dialogado con la imagen a través de los códigos simbólicos inscritos en sus elementos constitutivos formales

Pero la virtud intrínseca de estas siluetas es la creación de su entorno y de los aspectos relacionados con la discriminación de singulares elementos que yacen dentro de sus marcos. Un espacio que desde la superficie de la tela despliega estructuras visuales en las que se relacionan signos que generan distintivos discursos. Ese despliegue efectúa, desde la imagen fija, la compleja labor de convertir las narrativas que se complementan a esa imagen pictórica. De esta manera, no existe pintura sin siluetas que remarque el espacio como su principal trama y en donde todas las formas existen al instante de ser vistas. Asimismo cuando las abordamos desde la intensidad de sus personajes. La transacción de estas siluetas conforma el contrapunto que de-construye lo que es real y onírico complejizando el mundo que observamos.