Transporte irrisorio para el mal de ‘puna’: Residencia de Patrick Hamilton

junio 2009

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Junio 2009

 

Altas cumbres simbolizan la geografía andina que se presenta con sapiencia. Y esto, porque caminar por ella es una experiencia que se relaciona con el discernimiento del espacio y su cotidiano. Pero es por esos Andes que dividen a Chile y Bolivia en donde nos detenemos a observar sus movimientos migratorios, los intercambios comerciales y esa distintiva indumentaria andina.

Patrick Hamilton y su residencia en el altiplano de la región de Tarapacá, específicamente en los poblados de Colchane (Chile) y Pisiga (Bolivia), han conjeturado rigurosamente la labor de un artista en residencia y su particular proceso de creación a más de 4000 m.s.n.m.

Todos conocemos las reacciones que provoca la falta de oxígeno, pero pocos experimentan con esa fatigada sensación de puna que desgasta las ideas. De todas formas esta reacción orgánica nos comienza a revelar las implicancias que rodean el trabajo de Hamilton. Fuertemente sus obras se han volcado sobre los límites del arte y, en esta ocasión, justo en un límite geográfico.

Hamilton ha exhibido metódicos análisis estéticos de ese Chile post-noventa. Simplemente ha delatado esas temáticas arquitectónicas encontradas en el revestimiento urbano que son desmenuzadas hacia el espacio decorativo, comunitario y, por cierto reconocible por todos. Puedo justificar que este usual disimulo estético, visto en las grandes ciudades, nos lleva a reflexionar sobre el consumo y sus problemáticas. Pero ante las circunstancias que rodean la residencia Colchane-Pisiga se distingue, desde el lado urbano, un mapeo global de cómo se trabaja en este tipo de acciones para la conceptualización de una obra u otro proyecto.

Es especial esta extensa frontera que compartimos con Bolivia, sin embargo como muchas otras, no logra fecundar una estricta división cultural. Las características duales, de esta cultura fronteriza, han transformado los espacios sociales en una nueva forma de existencia y también de resistencia. Incluso si pensamos que esta frontera rural se convierte, al mismo tiempo, en urbana.

El espacio altiplánico nos detalla, sobre el límite, como todo se funde en una gran planicie. Se entrelazan normas, conductas ancestrales y contemporáneas. Por lo tanto una residencia en el altiplano busca presumir una estricta paradoja del arte contemporáneo versus el paradigma de la creación artística.

La simbiosis que ha significado el recorrido del artista y el espacio limítrofe nos conectan, desde esos pueblos carentes de infraestructura y orden cívico, a una nueva forma de existencia. Así las estrategias de la residencia como producto de la desarticulación de los conceptos adoptados por el artista, en sus proyectos anteriores, encarrilan el estudio sobre los conceptos de ritualidad(es) y cosmovisión.

La ritualidad andina ha asumido la difusión de sus procesos etnográficos más allá de las fronteras. Es por esta razón que la ironización por parte de Hamilton, de nuestra sociedad de consumo y sus micro mercados, constituyen un perfil de estos objetos urbanos analizados como prácticas contemporáneas. Además, en Colchane y Pisiga es el contrabando y las redes sociales de migración chileno-boliviana que activan y ejecutan sus propios ritos sociales. Contrabandear, traficar, vender e intercambiar son cuestiones recurrentes y son parte de una cosmovisión que trasmite, sin limites,  esa concepción del espacio.