Vapores, Salivas y Cáscaras de Naranja

julio 2016

Categories: Projects

Siempre se ha creído que existe algo que se llama destino, pero siempre se ha creído también que hay otra cosa que se llama albedrio. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción. G.K. Chesterton

 

Los procesos creativos de algunos artistas visuales en Chile, observados dentro de sus mismas exposiciones, han estado marcados por obras que solo pasan a configurar un grupo de objetos e imágenes que aparecen limitadas a una idea que por lo general yace encapsulada en una museografía convencional. En la mayoría de los casos, esta convencionalidad no hace más que restarle fuerza a las propuestas. Por lo que al enfrentarme a este panorama es imposible imaginar que un proyecto, con las mencionadas características, sea visible en otros espacios, en una que otra curaduría o simplemente que las mismas piezas sean presentadas dentro de otras arquitecturas. Sin embargo, ante la parrilla programática de exposiciones de los últimos meses, las actuales propuestas de Mario Navarro que yacen en lo irracional, lo esotérico y espiritista van más allá del diseño de un espacio expositivo. Singularmente Navarro en sus propuestas evoca la funcionalidad que debe tener una exposición como parte de un todo, un diagrama que no deja nada al azar.

Ante una enorme potencialidad estética y conceptual, él retoma los impulsos que ha cimentado la visión de un país en donde la noción de modernidad y secularización han estado estrictamente relacionados a la práctica del espiritismo con el fin de esconder y relegar diferentes historias sobre el extenuante trabajo de conformación de una nación.

El ocultamiento, lo negado y el escepticismo, en su sentido más reivindicativo, interceptan el aspecto de estas propuestas como una pista clave a la hora de entender el sentido político y de resistencia que documenta el interés actual del artista por las ciencias ocultas. Entonces, al igual que el esoterismo más duro, las obras de Navarro deberían ser analizadas como ilusiones en cuanto pretenden ser comprendidas por una función cognitiva que persigue el lenguaje, la memoria y la percepción de los sentidos. Pero también estas obras pueden ser consideradas como creencias significativas que alteran la manufactura que hemos estudiado acerca de lo mítico y lo fugaz. Desde hace unos buenos años el acento de nuestra cultura ha estado imbuida en aquellas creencias míticas que difunden las incertezas, que avizoran un futuro desconocido. Nada más acertado para situarnos en las sorpresas que nos deparan todas esas aleaciones que la misma construcción del arte ha experimentado y que cada vez pareciera ir más allá de lo que es lógico.

Las relaciones entre arte y estados alterados de la razón, arte y espiritualidad, arte y ocultismo; y por cierto arte y mediúmnidad, ponen de manifiesto la necesidad de contar con más de una idea con la que logremos acercarnos a una postura frente a estos temas. En gran parte, la relación explícita entre ocultismo, esoterismo y práctica artística nutren algo que tiene ver con aquellas ideas que salen a flote cuando los ideales dogmáticos de una religión ya no están presentes, por lo que aparecen otras ideas como factores reaccionarios. En este sentido acercarnos a todo lo que rodea la superstición, puede ser entendida como una forma de crear una tendencia contestataria, opuesta a la cultura y a la religión; de ahí que recogemos ciertas simpatías que suscita, por ejemplo lo que ha sido revelado por una baraja de cartas. La práctica de esto busca inevitablemente que la verdad explícita y concreta tenga un valor parecido a lo revelado por el dogma religioso. Bajo este análisis salta el argumento que una exposición de arte contemporáneo también busca ser catalogada como una verdad explícita y concreta, pero que además va de la mano con una relación utópica que nos acerca a nuevos espacios para el conocimiento que por momentos el pensamiento lógico ha desterrado.

Ciertamente las relaciones entre arte y el pensamiento de la sociedad persiguen con vehemencia revelar eso que hemos catalogado como desconocido y que colinda con lo que pretendemos descifrar de un futuro poco palpable. Por eso que aquí lo definido por esoterismo no pasa a ser un pasatiempo superficial, sino un tipo de “táctica” que fue impregnada en ciertos grupos que manejaron el poder político-social y que habrían pretendido generar sus propios procedimientos para concentrar, por un lado, su poderío y estatus social, y por el otro construir la historia. Una práctica sistemática capaz de cuestionar los modelos de secularización nacional e identitaria a lo largo y ancho del país. Ejemplos hay de sobra: chilenización, reconocimiento de los pueblos indígenas, reformas educacionales, entre otros.

Ante estas premisas las obras que están en esta propuesta de Navarro, imbuidas en dibujos, videos y maquetas, parecen descifrar asuntos que procuran alcanzar un imposible: re-leer las interpretaciones acerca del temperamento que aparece ante el origen de un Estado chileno. Ese temperamento que solo puede ser entendido a través de sus acciones más elocuentes y perspicaces. No obstante las ideas que cruzan este vínculo sobrenatural llegan a un punto en el cual somos capaces de redefinir la percepción y recepción de la realidad. De esta manera al indagar en aquello que percibimos como inexplicable, altera estas propuestas que han trazado, desde su disposición formal, un singular desequilibrio entre creer y no creer, entre lo escondido y la verdad; y comprender radicalmente que la verdad no puede ser explicitada por las ciencias ocultas.

Así como el arte y la poesía, las ciencias ocultas presentan indescifrables aspectos, algo a lo que no siempre tenemos acceso, por lo menos desde la razón. De ahí se producen, en muchos casos, una pérdida de confianza sobre los efectos que provoca actualmente el estudio del esoterismo. Entonces es entre la heterogeneidad de los materiales expuestos y las ideas irracionales que aparecen bajo el ojo de Navarro que surgen peculiares estados de conciencia y algunas experiencias existenciales que suman revisiones a la historiografía contemporánea en torno a la relación esoterimos y Estado. Además puede ser muy probable que los relatos que afloran desde este artista sean citados como una especie de proliferación hacia nuevos acercamientos y consideraciones sobre la crisis del pensamiento actual y el discurso de la civilización moderna versus su doctrina de progreso.

Es más, estas ideas, nacidas desde una exposición, aplican un discurso multilateral que apela a una noción inmaterial que indudablemente se ajusta a lo que hoy entendemos como la conformación de este territorio. Territorios sobre los cuales transitan innumerables experiencias humanas y donde se conservan datos de quienes construyeron los ideales de país que hoy estructuran un sentido chileno único e irrepetible. Es así como se marcan ciertas diferencias de los referentes que hemos estado acostumbrados a visualizar sobre aquella historia que ha sido empapada por lo esotérico, creando un entramado que dialoga constantemente con lo parasicológico. No obstante, son evidentes las relaciones específicas que la historia le concede al poder, una situación que no hace más que definir el papel que juega el poder cuando establece su acción tanto material como etérea.

Navarro es escéptico al espiritismo pero dentro de su obra también ha sido escéptico a las relaciones que ha mantenido la estructura política del país y que por algunos momentos lo ha llevado a re-plantear diversas interpretaciones que están amarradas a una identidad nacional, a estas alturas más que fracturada, y a las arbitrariedades que dejó enclavada la dictadura pinochetista. Por lo visto, es posible rescatar de este artista esa desconfianza que ha creado para profundizar en la práctica esotérica la que seguramente podría ser la base de un discurso político. Podríamos asimilar este discurso y las propuestas expositivas como un alegato que repite una historia de Chile plagada de cuestionamientos al valor simbólico de los actos humanos, una referencia muy cercana a lo que el campo del arte ha estado promulgando en los últimos años.

En ocasiones los artistas apelan a la relación que concede el valor de la imagen, el orden político y la concepción del tiempo. El vínculo relacional entre éstas tiene como objetivo dar por entendido cuales son las relaciones de poder. Entonces a través de la observación de este caso es posible percibir que ciertas esferas políticas que avizoraron el trabajo paranormal, su visión y esquemas. Por eso cuando reflexiono sobre todos los componentes inmiscuidos en este proyecto, arbitrariamente, los mezclo y puntualizo que son todos ellos, ante el rótulo del arte contemporáneo, los que han sido construidos para hacer frente a los procesos racionales, irracionales y manipulables que podemos ver en el presente.

Como lo he mencionado anteriormente, la idea que se ha recogido o la manera de inspirarse mediante el contacto con lo sobrenatural y con entidades extracorpóreas, no es sino un aspecto particular de la relación con la práctica artística. Lo que el artista hace es reflejar el modo en el que esta relación presenta el problema y de que estamos tratando con experiencias subjetivas, algo muy diferente a recibir información a través de fuentes sociales, literarias e históricos que casi siempre inciden en la elaboración de una obra mediante la especulación estética personal.

Normalmente el lugar que ha estado irradiando un estado alterado de conciencia, provoca una dimensión espiritual que parece irrumpir con fuerza irresistible e inmediata en la propuesta de este artista. Con el objeto de clarificar este punto, también puede tomarse como referencia la paradigmática historia que por momentos llega a ser excéntrica frente a los emblemas que ha difundido la cultura visual a través de las masas y las redes sociales.

En definitiva, estas formas de visibilizar la reflexión de la práctica artística y, en el caso de Mario Navarro, instalar los principios de un pensamiento moderno capaz de provocar un orden social, político y religioso; y que por último se disuelve en contradicciones intangibles e incorpóreas, nos envuelve de imágenes fugaces y simulacros de una realidad que está en constante relación con lo sobrenatural.

From an immaterial tactic

It’s always been believed that there is such a thing as fate, but also such a thing as free will. What qualifies a man is the balance of this contradiction. G.K. Chesterton

The creative processes of some visual artists in Chile, observed within their own exhibitions, have been marked by works that just happen to configure a group of objects and images that appear limited to an idea that usually lies encapsulated in a conventional museology. In most cases, this conventionality only undermines their proposals. Thus, when dealing with these scenarios it is impossible for me to imagine that a project with the aforementioned characteristics could be visible in other spaces, in another curatorship or simply that the same pieces could be presented within other architectures. However, given local exhibitions in recent months, the current proposals by Mario Navarro, which lie in the irrational, esoteric and spiritualist, go beyond the design of an exhibition space. Navarro uniquely evokes in his ideas the functionality that an exhibition must have as a whole, a diagram that leaves nothing to chance.

Faced with an enormous aesthetic and conceptual potential, he takes up the impulses constructed by a country’s vision, where the notion of modernity and secularization have been strictly related to the practice of spiritualism, in order to hide and relegate different stories on the strenuous work of forming a nation.

Concealment, what is refused and skepticism, in its most vindictive sense, intercept the aspect of these proposals as a key clue for visiting and understanding the resistance and political sense present in the artist’s current interest in the occult sciences. Then, as in the strictest esotericism, Navarro’s works should be analyzed as illusions, as they intend to be understood by a cognitive function looked for by language, memory and sensory perception. But these works can be considered as significant beliefs that alter the manufacturing we have studied on the mythical and the evanescent. For several good years the emphasis of our culture has been imbued in those mythical beliefs that spread uncertainties, which look out at an unknown future. Nothing could be more successful in placing ourselves before the surprises waiting for us in all these alloys that the construction of art itself has experienced and that seems to always go beyond what is logical.

The connections between art and altered states of consciousness, art and spirituality, art and occultism; and indeed art and mediumship, highlight the need for us to have more than one idea with which we can approach a position on these issues. Much of the explicit link between occultism, esotericism and artistic practice nurtures something that has to do with those ideas that come to the surface when the dogmatic ideals of a religion are no longer present, so that different ideas can appear as reactionary factors. In this sense, an approach to everything that surrounds superstition can be understood as a way to create a rebellious trend, opposite to culture and religion; hence we collect certain sympathies aroused by this, for example, what is revealed with a deck of cards. This practice inevitably seeks an explicit and concrete truth, resembling a value to that which is revealed by religious dogma. This analysis unfolds the argument that an exhibition of contemporary art also seeks to be considered as an explicit and concrete truth, but also going hand in hand with a utopian relationship that brings us new spaces for knowledge occasionally exiled by logical thinking.

Of course, the relationships between art and society’s thought vehemently seek to reveal that which we have considered unknown and is close to what we intend to decipher of a barely palpable future. That is why what here is defined as esotericism does not become a superficial pastime, but a kind of “tactic”, impregnated in certain groups that managed political and social power and who would have tried to generate their own procedures to concentrate, on the one hand, its power and social status, and also to shape history. A systematic practice capable of challenging the models of national identity and secularization across the country. There are plenty of examples: Chileanization, acknowledgement of indigenous peoples and educational reforms, among others.

Given these premises, Navarro’s works in this exhibition, imbued with drawings, videos and models, seem to decipher issues that aim to reach an impossible: to re-read the interpretations of the emerging temperament in the origin of the Chilean state, one that can only be understood through its most eloquent and insightful actions. However, the ideas that cross this supernatural bond reach a point where we are able to redefine the perception and reception of reality. Thus, to inquire into what we perceive as inexplicable alters these proposals, which have drawn from their formal arrangement a singular imbalance between belief and disbelief, between what is hidden and truth; and radically understand that truth cannot be clearly set out by the occult sciences.

Just like art and poetry, the occult sciences present undecipherable aspects, something to which we do not always have access to, at least through reasoning. That is why, in many cases, there is a lack of confidence on the effects that the current studies of esotericism can produce. Thus, it is between the heterogeneity of the exhibited materials and the irrational ideas that appear under Navarro’s perspective that peculiar states of consciousness arise, as well as existential experiences that add some revisions to the contemporary historiography on the relationship between the esoteric and the State. It may also be very likely that the stories that emerge from this artist will be quoted as a kind of proliferation into new approaches and considerations on the crisis of current thinking and the discourse of modern civilization versus its progress doctrine.

Moreover, these ideas, originated in an exhibition, apply a multilateral discourse that appeals to an immaterial notion that undoubtedly fits what we now understand as the configuration of this territory. Territories over which innumerable human experiences go through and where information is preserved of those who built the national ideals that today structure a unique and unrepeatable sense of what is Chilean. This is how certain differences in the references are outlined, which we have been used to display on the history that has been soaked in the esoteric, creating a network that is in constant communication with parapsychology. However, the specific relationships that history gives to power are evident, a situation that only defines the role of power by establishing its action, both material and ethereal.

Navarro is skeptical regarding spiritualism, but also in his work he has been skeptical of the relationships maintained by the country’s political structure, which at certain times have led him to re-consider various interpretations that are tied to a national identity that at this point is more than fractured, as well as the arbitrariness installed by Pinochet’s dictatorship. Apparently, it is possible to assume the artist’s distrust he has created to delve deeper in the esoteric practice, which could surely be the basis of a political discourse. We could assimilate this discourse and the exhibition’s proposal as a plea that repeats a history of Chile fraught with challenges to the symbolic value of human acts, a close reference to what the field of art has been circulating in recent years.

Sometimes artists appeal to the relationship given by the image’s value, the political order and the notion of time. The relational link between these is aimed at making clear what are the power relations at stake. Then, by the observation of this case it is possible to see that certain political areas could foresee the paranormal work, its vision and schemes. So, when I reflect on all the components that make up this project, I mix them arbitrarily and I point out that they all have, before the label of contemporary art, been built to meet the rational, irrational and manipulable processes that can be seen nowadays.

As mentioned before, the idea that has been collected or the inspiration gained through the contact with supernatural and extracorporeal entities is but a particular aspect of the relationship with the artistic practice. What the artist does is to reflect in the way in which this relationship presents the problem and the fact that we are dealing with subjective experiences, something very different to receiving information through social, literary and historical sources that almost always affect the development of a work through personal aesthetic speculation.

Normally the place that has been irradiating an altered state of consciousness causes a spiritual dimension that seems to break with irresistible and immediate force in the artist’s proposal. In order to clarify this point, reference can also be taken of the paradigmatic history that at times becomes eccentric before the emblems that visual culture has spread through the masses and social networks.

Ultimately, these forms of making the reflection on the artistic practice visible and in the case of Mario Navarro, of installing the principles of a modern thought capable of causing social, political and religious order – which finally dissolves in intangible and incorporeal contradictions – surround us with fleeting images and simulations of a reality that is in constant contact with the supernatural.