No solo maquillar!

diciembre 2006

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En algunos barrios de Iquique, especialmente, los que están fuera de áreas de protección patrimonial –por el momento- como el barrio El Morro, podemos sentir la grandeza de aquella época de fines del XIX en la que la ciudad soberanamente pasaba a formar parte de la república de Chile. No olvidar que esa soberanía no hubiese sido posible sin esa mixtura que apareció entre lo que nos dejaron los peruanos y lo impuesto por el criollismo nortino.
El barrio El Morro forma parte de una gran extensión del centro de la ciudad, ubicándose ininterrumpidamente entre las calles Thompson por el norte, Zegers por el sur y desde el borde mar hacia el este llegando hasta la calle Aníbal Pinto.
Dentro de este zona, de la ciudad del Chumbeque, forman parte de su emblemático rostro una gran cantidad de edificios que por el estilo arquitectónico, dimensiones y en más de un caso por su valor histórico ya deberían haber sido declarados y protegidos por el Estado de Chile como Monumentos Nacionales en la categoría de Monumentos Históricos. Sin embargo, estas declaratorias no confirman una protección definitiva de los barrios y en especial de uno como El Morro. Por lo que los mecanismos de protección y conservación siempre van a estar expuestos al peligro del paso de los años, al fuego y la renovación urbana de una ciudad que mantiene un sustantivo crecimiento inmobiliario. ¿Pero qué conocemos sobre la historia de la arquitectura de Iquique? Una pregunta que nos invita a crear un sentimiento de protección patrimonial colectivo.
En parte sabemos que la arquitectura iquiqueña obedece a patrones formales clásicos que más de un investigador podría relacionar a la unión del pasado y el presente. Un modelo arquitectónico que utiliza materiales y sistemas constructivos industriales, como es el entablado de madera, por ejemplo. Por esos años, la mano de obra era semi especializada y utilizaba herramientas simples como martillo, serrucho, plomo y huinchas que eran suficientes para construir en forma fácil y rápida esas estructuras livianas y compactas(1). La aplicación en Iquique del sistema constructivo estadounidense denominado balloon-frame, responde a la búsqueda de los inmigrantes ingleses –vinculados a la producción y exportación del nitrato– quienes en pro de la eficiencia, renunciaron a la idea de imponer su arquitectura europea basada en ladrillos y piedras, por lo que desarrollaron una construcción en madera que evidentemente también se conjugaba con las características climáticas de la zona. Es curioso recordar que este modelo arquitectónico adoptó la modalidad de “originaria” de los Estados Unidos, no obstante hoy sabemos que eso solo fue consecuencia de la gran demanda de viviendas y equipamiento urbano, así como también producto del desarrollo de los aserraderos mecánicos que permitieron elaborar piezas de madera uniformes y resistentes, un sistema arquitectónico funcional y versátil que permitió la multiplicidad de su diseño. Por ejemplo esto significó que mientras en zonas lluviosas los techos fueron cubiertos con tejas de madera, en zonas áridas y calurosas como Iquique, las planchas estándar de fierro galvanizado coronaban las viviendas y edificios (2)Cabe recordar a los corredores que eran el espacio intermedio entre la calle y el mundo privado. Ahí se veía pasar a la gente que saludaba y conversaba al paso. Mientras en las azoteas, los habitantes tomaban palco para presenciar desfiles, fiestas y celebraciones. Estos son un par de motivos para considerar que las construcciones de pino oregon, formando una unidad, presentan una notable diversidad, sin que ninguna casa sea igual a la otra (3).
La particularidad del estilo iquiqueño procede de la adaptación de un sistema ampliamente extendido en otras latitudes geográficas. Un repertorio formal inspirado en la arquitectura neoclásica desarrollada en Estados Unidos y que da origen al estilo Georgian, que se expresa en sus balcones, barandas, azoteas, miradores, puertas y ventanas(4). Además no es menos importante mencionar que el Georgian como estilo podría haber encontrado su inspiración en la arquitectura Manierista del italiano Andrea Palladio. Con todos estos datos comprendemos que el estilo de la arquitectura iquiqueña posee una fuerte relación con el sentido de pertenencia a una “patria común”, al progreso salitrero y por cierto a su bonanza.
Esta nueva arquitectura que también afloró en el puerto de Pisagua, en las factorías salitreras pampinas, en el oasis de Pica y en localidades del interior como Tiliviche, Huara, Pozo Almonte, Zapiga y Matilla tiene sin duda su más vasta expresión en Iquique.
A mediados del siglo XX comienza la decadencia de esta arquitectura. Sus cornisas se desprenden junto a los balaustros que son testigos de como se rebajan las azoteas que alteran indiscriminadamente las fachadas y ventanas. No obstante lo peor es la desfiguración de esta arquitectura provocada por los propios propietarios, algunas malas ideas creadas por autoridades políticas y las diversas empresas constructoras que anidan en estos barrios.
Es por eso que los ciudadanos comprenden que la belleza de una urbe tan diversa como Iquique esta en las manos de cierta ineptitud política la cual podría empeorar la situación de abandono y falta de mantenimiento de cientos de inmuebles que no solo yacen en esta ciudad sino que en toda la región. De esta forma la relación que hemos realizado para crear una protección identitaria de la arquitectura única de Tarapacá emerge desde las maderas de barrios como El Morro y otros que aún tratan de sobrevivir al paso del tiempo.
La genialidad de este tipo de construcción en fachada continua, su verticalidad y liviandad, la organización de sus espacios en torno a un núcleo central, la presencia del vestíbulo, el uso de barandas, la presencia de lucarnas, el uso de torres miradores y el techo sombreado sobre la azotea poseen una imagen que conserva cientos de miles de historias las cuales deben ser protegidas como espacios sociales y patrimoniales. Entonces es un hecho que este es el momento en el que no debemos permitir que las autoridades de nuestra región sólo apliquen maquillaje a nuestro patrimonio arquitectónico ya que el legado de nuestra historia material e inmaterial por ningún motivo debería ser convertida en recuerdos.
  1. ADVIS, Patricio en Catastro del Patrimonio Cultural de la provincia de Iquique. Capítulo “Arquitectura Típica”. Pág. 30.
  2. La madera llegaba a Iquique principalmente de California a bordo de buques que venían a cargar salitre surcando las costas del pacífico. Por esa fecha el 93% de la construcción en el puerto correspondía a madera y los techos, en un 95%, eran de fierro galvanizado. Aunque en otros casos se encontró techos cubiertos con conchuelas marinas que protegían el interior de los inmuebles de la alta humedad existente en la zona.
  3. ZEPEDA, Ernesto, “El Desierto Fecundo II”. Editado en 1990. Pág. 25.
  4. Serie de reportajes: “Arquitectura Iquiqueña”, Diario La Estrella de Iquique,  jueves 14 de mayo de 1989.